El equipo, formado por unas 150 personas, escogió tres localizaciones principales de gran valor patrimonial: los Jardines de Santa Clotilde, Cala sa Boadella y la casa privada de los jardines, conocida como Casa Roviralta. Los escenarios recrearon una isla mediterránea de los años 50, aprovechando la belleza natural y arquitectónica del municipio. Esta producción consolida a Lloret como plató de rodajes internacionales y refuerza su proyección cultural y turística en la Costa Brava.